| El
predominio del ver –dice Sartori– produce un
efecto sobre la sociedad: atrofia su capacidad de entender.
Agrega que la televisión de pobre contenido es la
obra de gestores de escasa preparación intelectual
y menguada sensibilidad cultural y social.
Sostiene
asimismo don Giovanni que el homo sapiens, asociado a
la cultura escrita, dio paso al homo videns, esclavo de
la imagen. Y en forma apocalíptica añade
que la socialización audiovisual debilita la función
del intelecto.
Por
otra parte, el autor itálico argumenta que la competencia
no es una solución, pues lejos de incrementar la
calidad televisiva, la disminuye para cautivar a un público
acostumbrado a la basura mediática. Explica que
“el sensacionalismo se vuelve más pagadero
porque llama más la atención, es más
emotivo y no requiere de reflexión”.
Terrible,
¿no? Aunque no comparto todo lo que dice Sartori,
porque me parece que la televisión posee valores
rescatables, tiene mucha razón en cuanto que se
está creando un círculo vicioso atroz: la
televisión abierta genera cada vez más basura
–con el cuento de que hay que entretener por sobre
todo– ante un público que pareciera pedir
a su vez cada vez más basura. De ahí la
lucha por ver quién hace más extravagancias
en pantalla para ganar mayor rating (lo de Tinelli es
patético y cunde).
Con
el imperio de la chatura en la televisión y con
el bajo nivel de lectura de la gente que ve empobrecidos
su lenguaje y su capacidad de reflexionar y de comunicarse,
se rebaja la calidad ciudadana, se embrutece el sentido
de la opinión, se confunde crítica con descalificación
y se termina conformando una sociedad mediocre.
Ante
este panorama, tamaña responsabilidad les cabe
a los propietarios de los canales, que en su mayoría
son, como diría Sartori, “gestores de escasa
preparación intelectual y menguada sensibilidad
cultural y social”. Si ellos mismos no dan un golpe
de timón para entretener con algún atisbo
de inteligencia, pronto deberán buscar otro negocio:
hasta los anunciantes se están cansando de bancar
basura.
Es
que a quienes deben vender sus productos no les conviene
una sociedad mediocre. Ésta siempre estará
más cerca de la pobreza que de la suficiencia adquisitiva
y del poder de consumo.
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