martes 26 de agosto de 2008

La sociedad mediocre
Bernardo Neri Farina
farina@tvparaguaya.com

El célebre pensador italiano Giovanni Sartori lanzó en 1997 un libro que ya es un clásico. Se llama Homo videns: la sociedad teledirigida. Esta obra sostiene que el predominio de la televisión en la formación de la opinión pública está creando una ‘videocracia’, que en la práctica supone alimentar de “sustancia vacía la democracia como gobierno de opinión”.

El predominio del ver –dice Sartori– produce un efecto sobre la sociedad: atrofia su capacidad de entender. Agrega que la televisión de pobre contenido es la obra de gestores de escasa preparación intelectual y menguada sensibilidad cultural y social.

Sostiene asimismo don Giovanni que el homo sapiens, asociado a la cultura escrita, dio paso al homo videns, esclavo de la imagen. Y en forma apocalíptica añade que la socialización audiovisual debilita la función del intelecto.

Por otra parte, el autor itálico argumenta que la competencia no es una solución, pues lejos de incrementar la calidad televisiva, la disminuye para cautivar a un público acostumbrado a la basura mediática. Explica que “el sensacionalismo se vuelve más pagadero porque llama más la atención, es más emotivo y no requiere de reflexión”.

Terrible, ¿no? Aunque no comparto todo lo que dice Sartori, porque me parece que la televisión posee valores rescatables, tiene mucha razón en cuanto que se está creando un círculo vicioso atroz: la televisión abierta genera cada vez más basura –con el cuento de que hay que entretener por sobre todo– ante un público que pareciera pedir a su vez cada vez más basura. De ahí la lucha por ver quién hace más extravagancias en pantalla para ganar mayor rating (lo de Tinelli es patético y cunde).

Con el imperio de la chatura en la televisión y con el bajo nivel de lectura de la gente que ve empobrecidos su lenguaje y su capacidad de reflexionar y de comunicarse, se rebaja la calidad ciudadana, se embrutece el sentido de la opinión, se confunde crítica con descalificación y se termina conformando una sociedad mediocre.

Ante este panorama, tamaña responsabilidad les cabe a los propietarios de los canales, que en su mayoría son, como diría Sartori, “gestores de escasa preparación intelectual y menguada sensibilidad cultural y social”. Si ellos mismos no dan un golpe de timón para entretener con algún atisbo de inteligencia, pronto deberán buscar otro negocio: hasta los anunciantes se están cansando de bancar basura.

Es que a quienes deben vender sus productos no les conviene una sociedad mediocre. Ésta siempre estará más cerca de la pobreza que de la suficiencia adquisitiva y del poder de consumo.





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