LAS VIVENCIAS DEL TAGUA

Memorias personales

Cincuenta años atrás hablar de Pedro Juan Caballero era como mentar algo perdido allá en la bruma, en la lejanía; pero pensar en llegar a esa norteña ciudad, era una utopía. Caminos intransitables durante la estación seca y —sin duda alguna— imposibles en tiempos de lluvia dieron pábulo a fantásticas historias y narraciones de amigos, muchos de ellos ya desaparecidos.

El espíritu aventurero que todos llevamos encerrado dentro se extasiaba cada vez que escuchábamos estas aventuras y experiencias sentados alrededor de una fogata o bajo noches estrelladas aquí, en Asunción.

Una de ellas nos hablada del paso denominado Chirigüelo, sendero infranqueable para todo tipo de vehículos en días de lluvia y situado a escasos 25 kilómetros de Pedro Juan.

Puedo imaginarme y el alma se regocija de sensaciones al conocer que todos esos desolados parajes de serranías y campos estaban cubiertos de una impenetrable vegetación. Montes naturales de riquezas sin igual, por el valor de sus maderas y recursos naturales únicos de esas latitudes del Paraguay.

Llegando a Chirigüelo en horas de la noche, el resplandor de las luces de Pedro Juan se divisa en el horizonte. La deforestación, resultado de millares de hectáreas de cultivos, con predominio de la soja, han devastado casi hasta su totalidad las impenetrables selvas otrora hábitat de especies naturales, donde muchas se resisten a desaparecer, como así también los ancestrales dueños de esas comarcas, los Indígenas.

En mi adolescencia, empecé a tomar cierto interés por lo desconocido. Las leyendas de vestigios de antiguas escrituras dejadas y talladas por los pobladores de esas regiones, en los abrigos, refugios rocosos o cuevas en algunos casos, han motivado, aunque tardíamente, que haya dado los primeros pasos dirigidos a esas distantes zonas del país.

Fantásticos comentarios de algunos que tempranamente han podido conocer y descubrir esos sitios del Amambay, fueron fortaleciendo mis ideas y acrecentado los deseos de conocer y poder comprender cada vez más de esos lugares que hoy siguen casi intactos en los escondites naturales de estas serranías.

En 1988, Miguel Martín, uruguayo, dedicado al turismo, me invita a viajar a Pedro Juan Caballero. Se planifica el viaje por avión, ya que la ruta estaba clausurada por lluvias torrenciales en esos días. No pudiendo viajar en esa oportunidad comisioné a un ayudante, quien acompañó a la comitiva hasta dicha ciudad y efectuó una expedición a sitios en donde se encuentran los famosos grabados o escrituras "rúnicas" como se las pretende denominar comúnmente.

Al regreso de la excursión, cuyo objetivo era tomar fotografías y filmar los comentados refugios de las sierras, me encontré que el trabajo era un deficiente registro de imágenes, resultado de la torrencial lluvia que impidió a los visitantes caminar hasta los sitios de los grabados. Se pudo —no obstante— documentar un par de minutos válidos.


( Foto: Ita popó, Piedra que salta. Amambay y el audio música del Dr. Carlos freytag de Argentina)

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